Florida ha sido históricamente un oasis para los retirados. En el sur de la península, entre Miami y Palm Beach, se concentra casi un tercio de la fuerza laboral dedicada al cuidado de adultos mayores de todo el Estado. Por mucho tiempo los inmigrantes recién llegados eran la cantera segura para estos trabajos, que históricamente han tenido dificultades para mantener niveles necesarios de personal, tanto por las exigencias inherentes de la labor como por los bajos salarios —apenas por encima del mínimo de Florida. Ahora, las políticas migratorias del Gobierno de Donald Trump, que incluye una agenda para detener 3.000 personas por día, han comenzado a hacer mella en este sector.

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