
La maestra jubilada Irma Hernández, quien intentaba aumentar sus magros ingresos al volante como taxista en Veracruz, apareció en un video arrodillada y rodeada de sicarios enmascarados y potentemente armados. Luego de haberla secuestrado, humillado y violentado, la voz de la gobernadora del Tres Veces Horrible Estado de Veracruz y otras voces de alta jerarquía politiquera no cansan en subrayar oficialmente que la Maestra murió de un infarto. Incluso, un médico forense (miserable C.S.I. de petate) declaró que la finada efectivamente recibió múltiples golpes, pero que la verdad histórica fue un fulminante estallido del miocardio. Anotemos una raya más a la cuenta universal de la infamia e imbecilidad, pues el cese del corazón de Irma Hernández no fue sino consecuencia del terror cíclico, las amenazas en el enjambre del ilegal y generalizado cobro por derecho de piso, la mencionada golpiza y la violencia expandida por toda la geografía de México que ha caído en un vergonzante discurso que minimiza o dosifica el desmadre con pruritos capaces de convertir en Causa la Consecuencia del horror. Hagamos un poco de historia (con minúscula por heterodoxa) e intentemos una reflexión como posible conclusión: