Es un sueño incumplido de la ciencia desde la primera mitad del siglo XX: conseguir replicar, de manera controlada y a pequeña escala, el proceso interno que da su combustible al sol. Es decir, la fusión nuclear. Alcanzar esta hazaña, equiparable a llevar al hombre a la luna o curar el cáncer señalan algunos, daría a la humanidad una fuente de energía casi ilimitada, mucho más limpia y segura que la obtenida mediante las centrales de fisión nuclear que hoy operan en el mundo.

Seguir leyendo

Más eficiente y más segura que la fisión

Sobre la viabilidad de proyectos como ITER o los que empiezan a surgir en el sector privado, Pedro Velarde, director del Instituto de Fusión Nuclear GV de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), afirma: “Estamos tan cerca como queramos dependiendo de la inversión que se realice”. En cualquier caso, subraya que “no podemos renunciar a esta fuente de energía, la única que conocemos que es razonablemente limpia, segura, extensa y de alta densidad de potencia”.

En otras palabras, la fusión nuclear produce más energía que la fisión, con la ventaja de que no puede explotar, ya que si algo va mal, la reacción simplemente se detiene. “Las necesidades de protección radiológica de las centrales de fusión serán muy limitadas y los pocos residuos serán de fácil almacenamiento por la baja actividad”, aduce Velarde.