El nuevo orden comercial al que Donald Trump está sometiendo al mundo tiene un capítulo especial para México, por algo son principales socios y se intercambian 800.000 millones de dólares al año en mercancías. Pero eso no es lo único que les une y les separa, también lo es una frontera de más de 3.000 kilómetros por la que cruzan armas y drogas que al norte dejan miles de muertos por fentanilo y al sur, miles de muertos por violencia. Esas circunstancias, sumadas a la migración, han contaminado unas relaciones que desde hace décadas se negociaban en distintas ventanillas y que hoy permiten al presidente estadounidense jugar al poli bueno y poli malo con su socio débil.