El mundo se cae a los pies de una persona cuando llora por pena o enfado. Los sentimientos brotan como lágrimas y busca ocultarse el rostro con las manos y pasar cuanto antes el mal trago. Pero la situación se complica aún más cuando el hijo aparece y pregunta: “¿Estás llorando?”. Algunos padres encuentran este momento una crisis aún mayor de la que están viviendo, se quedan paralizados, se secan las lágrimas y contestan: “No, cariño, está todo bien, estoy bien, no me pasa nada”. Con este ejemplo, Leticia Falagán, experta sanitaria en psicología infantil, expone una situación típica. “Si contestamos que todo está bien, el niño se da cuenta de que no es cierto. Y, al final, lo que le estamos enseñando es a que oculte su tristeza. Y le estamos diciendo que llorar no está bien”, sostiene. Y estos niños, al convivir con esta represión de sentimientos, cuando sean adultos, según la psicóloga, puede que gestionen mucho peor el estrés y la ansiedad.